Hace unos meses fui a una charla que dio un caricaturista en Laboratorio Fútbol. El tema que nos convocaba se desvió y terminamos hablando de la publicidad en el fútbol (en las camisetas, particularmente). Recordamos a la primogénita: FATE en la casaca de Boca. Algunos mayores en la sala mencionaron lo chocante que fue ver los colores de su club tapados por la publicidad respectiva.
El tiempo pasó y esa tendencia no sólo se impuso indiscutiblemente, sino que creó imaginarios en las realidades de los hinchas. Tan así que se crearon lazos invisibles entre el sponsor del equipo y sus colores. Ganaron terreno en lo que respecta al marketing, pero también en lo que respecta al credo simbólico. Por ejemplo: Clablevisión y San Lorenzo, Quilmes y Boca, por tirar algunos ejemplos muy claros. La publicidad no sólo ocupa un espacio considerable en las camisetas, sino que las distinguen, las hacen únicas (en comparación con otras). A punto tal que pueden invocar tiempos de gloria, así como tiempos no tan buenos (pero este tipo cae en el olvido, generalmente). Un gran poder. Lo cual no las hace buenas ni útiles (a fines simbólicos y deportivos) sino, por el contrario, más peligrosas.
Ante esto comenzamos a imaginar lo que vendría -siempre viene algo más-, a forma de juego, y se nos ocurrió algo: la publicidad política en la vestimenta. Nos pareció tan extraño y chocante que no pudimos siquiera establecer la gravedad del asunto. Hay cosas tan embrionarias que es difícil considerarlas en su magnitud; se precisa del tiempo,... pero cuando el tiempo pasó ya es muy tarde para reparar las consecuencias acarreadas. Una situación complicada.
Y, efectivamente, el tiempo pasó: hoy mostraban por la tele la casaca con la cual salieron los jugadores de Tristán Suárez, la cual decía "Kristina".
Suceso que tiene un antecedente (del cual se acordó mi viejo): Tristán Suárez con la publi del ex presidente de apellido capicúa (tocáte el huevo izquierdo o la goma izquierda, por favor).
Tirá una fecha, ya estamos en proceso...
Massa, no nos hagas eso, por favor.
(A modo anécdotico: ¡la camiseta de Tristán sale $60! Dejáte de joder...)
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