sábado, 29 de septiembre de 2007

Fecha 11/Apertura '07_2

Tigre se dejó estar y lo pagó con un empate

Vencía 2-0 a Estudiantes, en La Plata, pero se retrasó y le igualaron en el final.

LA PLATA.- Este torneo puede escribir un libro sobre los partidos que cambiaron su curso cuando nadie lo esperaba. A veces, por casualidad; a veces, con razones visibles. Pero a Tigre no le importan las explicaciones después de una noche que creyó suya, que lo vio lucirse durante un largo rato, pero que lo dejó con un sabor agrio por el empate agónico de Maggiolo. Era un 2-0 claro, indiscutible; terminó en un 2-2 impensado, que tal vez -quién sabe, entre tanta irregularidad- le sirva al equipo de Simeone para reencontrarse con el espíritu extraviado desde hace un tiempo.

En un primer tiempo impecable, Tigre desplegó todos los recursos colectivos con que había arrollado a River cinco días antes. Fue criterioso para manejar la pelota y concentrado para recuperarla, astuto para atacar y con hombres compenetrados con sus funciones. Eso lo contrapuso a un rival desgajado, librado a lo que dieran individualidades erráticas, distanciado de la poderosa presencia que ahora extraña. Los hinchas de Estudiantes creían que el regreso de Verón, después de una lesión, repararía los problemas que hacen sufrir al Pincha desde hace rato. Craso error: la Brujita no podía tomar las riendas del equipo.

La ventaja de 2-0 que tomó Tigre en esa primera parte fue perfecto correlato del desarrollo. La consiguieron un cabezazo de Ayala y un remate de Blengio tras un doble rechazo de Andújar, en una muestra de obstinación ofensiva. Verón estuvo cerca de ser expulsado tras un golpe a Ereros, y Alayes debió serlo por un foul violento.

Tigre se retrasó en el segundo tiempo, pero Estudiantes, puro empuje, no parecía en condiciones de inquietarlo. Hasta que el cabezazo de Alayes le puso al partido el suspenso que no tenía. Estudiantes creyó, Tigre dudó y la escena ya era otra. La última corrida de Maggiolo cerró el drama con el gol del empate, obviamente con gusto a derrota para un equipo que, igual, sigue ganándose el respeto de todos.

La Nación, Martín Carrasco (h.)

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